PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

X FECHAS


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

x orden alfabetico

ENLACES

*

*


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

+ vistas


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

varios


Contador Gratis
relojes para blogger html clock for websites contador de usuarios online
PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

Motivación en el deporte de élite

Motivación en el deporte de élite

Lo primero de todo: ENHORABUENA al tricampeón, al "campeón de todo" esta temporada.

Ahora que Pep Guardiola ha conseguido un equipo capaz de hacer la mejor temporada de la historia del fútbol español, se empiezan a conocer algunos detalles relacionados con el éxito de la final de la Champions League en Roma.

El más llamativo durante el día de hoy ha sido saber que minutos antes del inicio del partido, mientras los jugadores del Manchester United hacían ejercicios de calentamiento, Pep Guardiola llamó a los suyos al vestuario, apagó la luz y proyectó un video-montaje de 7 minutos con imágenes de TODOS los jugadores de la plantilla con música y mensajes de la película Gladiator, que también tiene lugar en Roma.

Los jugadores, sorprendidos de ver una pantalla gigante en el vestuario, se cogieron de las manos en un acto espontáneo y se ha descubierto que más de uno fue incapaz de contener las lágrimas.

Aquí tienes una escena del video, que fue realizado por un periodista de TV3 amigo de Guardiola y que será emitido por TV3 el próximo lunes, entre elTelenotícies y el programa Crackòvia, ya que al pedirle este favor por SMS le aseguró que si conseguía la Copa de Europa le dejaría hacerlo público.



Ventana externa
Leer más...

y2a -Una perra se niega a irse del cementerio en el que está enterrado su dueño


Una perra se niega a irse del cementerio en el que está enterrado su dueño

  • Algunos han querido acogerla, pero se niega a dejar a su dueño.
  • Los vecinos alimentan al animal de forma regular.
  • CONSULTA AQUÍ MÁS NOTICIAS DE MÁLAGA.
20MINUTOS / VÍDEO: ATLAS. 29.05.2009

Su dueño murió, pero una perra se niega a abandonar el cementerio en el que fue enterrado, situado en Nerja (Málaga).

Lo único que hace es velar los restos de su dueño

Desde el día del entierro de su dueño, un ciudadano irlandés residente en el municipio, el animal duerme en un nicho y son los vecinos de Nerja los que le dan de comer de forma regular.

Los vecinos aseguran que es un animal muy dócil, que no molesta a nadie y que lo único que hace es velar los restos de su dueño.

Muchos vecinos han intentado llevársela a casa, pero el animal se resiste a abandonar a su dueño.

Otros casos sorprendentes

Pero éste no es el primer caso sorprendente en el que un animal demuestra hasta ese punto su amor y fidelidad por su dueño.

Un pastor alemán evitó que su dueña, de 27 años, fuera violada

Un perro llamado Boby evitó en 2007 que su dueño, de 60 años y vecino de Veiga (Ourense),falleciera cuando un toro le atacópropiciándole varias cornadas hasta dejarlo inconsciente. Al parecer, Boby arrinconó al toro tras hacerle retroceder mordiéndole en las patas y, además, impidió que el toro se acercara de nuevo a su dueño.

En otro suceso extraordinario, un pastor alemán llamado Xurco salvó a su ama, una joven de 27 años, de un supuesto intento de violación cuando ambos paseaban por un parque en El Campillo, Huelva, en 2008. Mientras paseaban, un individuo asaltó a la joven, le tapó la boca y le puso un cuchillo en el cuello.

El animal se puso a ladrar alrededor del agresor hasta que éste le clavó el cuchillo, aunque esto facilitó que la joven pudiera escapar yXurco, a pesar de que recibió una corte de 15 cm, sobrevivió.

-



Un perro salva a su dueño, que quedó inconsciente tras la embestida de un toro

  • Boby se enfrentó al animal para proteger el cuerpo del hombre.
  • El perro volvió a enfrentarse al toro cuando atacó al hijo de la víctima.
20MINUTOS.ES. 26.11.2007

Un perro llamado Boby ha evitado que su dueño, de 60 años y vecino de Veiga, falleciera el pasado 1 de noviembre cuando un toro de su propiedad le atacó propiciándole varias cornadas hasta dejarlo inconsciente.

Al parecer, Boby, un mestizo de ocho años, arrinconó al toro tras hacerle retroceder varios metros con mordiscos en las patas y, además, impidió que el animal bravo se acercara de nuevo al cuerpo del herido, según informa La Región.

Ahora, el hombre, José Fernández Álvarez, se recupera de las heridas en el Complexo Hospitalario de Ourense y Boby, por su parte, es el protagonista del pueblo de Veiga, en Montederramo, y el centro de toda clase de mimos.

Al parecer, José había llevado a las vacas a pastar a un prado cercado y llevó también al toro porque las reses estaban en celo. Cuando regresó horas más tarde el animal embistió contra él. "No le abrió muchas heridas porque el toro no tenía los cuernos afilados, pero le propinó muchos golpes, ocasionándole múltiples fracturas y hematomas internos", ha precisado su mujer.

La tardanza en regresar con el ganado causó extrañeza a su esposa, que lo fue a buscar: "Al llegar al prado lo encontré tirado en el suelo y el perro protegiéndolo. Llevaba un teléfono y avisé a los efectivos de emergencia".

También salvó al hijo

Una ambulancia trasladó al herido al hospital, donde estuvo varios días en la Unidad de Cuidados Intensivos. La embestida del toro movilizó a todo el vecindario, que se hizo cargo de las vacas, mientras que el toro permaneció aislado en el prado.

Al día siguiente del suceso, el hijo del herido, Jesús Fernández, logró capturar el animal con una cuerda y amarrarlo a un poste, pero al desatarlo para conducirlo al establo, volvió a atacar. "Le dio varias cornadas y también continúa de baja médica", relata su madre.

El perro estaba con él y volvió a repetir su hazaña, sacándole el toro de encima. "No nos deshacemos de Boby por mucho dinero que nos den. Es como uno más de la familia", recuerda entre sollozos la mujer. "Si no fuera por él tendría una desgracia en casa", añade.

Leer más...

s2t2 - Caminito del rey

Caminito del Rey
El Caminito del Rey es un paso construido en las paredes del Desfiladero de los Gaitanes en El Chorro, cerca de Álora (Málaga). Se trata de un paso peatonal de 3 km. con largos tramos con una anchura de apenas 1 m. colgando hasta 100 m. de altura sobre el río, en unas paredes prácticamente verticales. Actualmente se halla muy deteriorado, casi todo el recorrido está sin barandilla y hay segmentos que se han colapsado, quedando sólo la viga de soporte. Todos estos factores han contribuido a crear una leyenda negra tras haber perdido la vida excursionistas tratando de cruzarlo
La Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, propietaria del Salto del Gaitanejo y del Salto del Chorro necesitaba un acceso a ambos para facilitar el paso de los operarios de mantenimiento, transporte de materiales, y la vigilancia de los mismos. Las obras se iniciaron en 1901 y fueron terminadas en 1905. El camino comenzaba junto a las vías del tren de Renfe y recorría el Desfiladero de los Gaitanes, permitiendo el acceso a ambos saltos. En 1921, el rey Alfonso XIII asistió a la inauguración de la presa del Conde del Guadalhorce cruzando para ello el camino previamente construido. Fue a partir de este momento cuando se le empezó a apodar como Caminito del Rey, nombre que se mantiene vigente actualmente

Leer más...

¿Sabes que el 1 de julio cambia tu contrato de la luz?

¿Sabes que el 1 de julio cambia tu contrato de la luz?

El 80% de los españoles desconoce que se liberaliza el sector eléctrico en 35 días

JORDI FÁBREGA /CADENA SER   26-05-2009

Los datos de la encuesta de CEACCU (Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios) demuestran un gran desconocimiento acerca de la liberalización del mercado eléctrico que se producirá dentro de 35 días. A partir del día 1 de julio desaparecen las tarifas reguladas y los consumidores deberán contratar la luz a una empresa comercializadora en función de sus ofertas.

  • La situación, para el consumidor, será en la práctica muy similiar a la de las compañías telefónicas cuando se acogieron a la liberalización, de modo quepodremos elegir la comercializadora que nos haga la mejor oferta.

En caso de que ninguna nos convenza, el Gobierno fijará una tarifa de último recurso. Será un precio fijado por el Gobierno, al que las compañías tendrán que ofrecer la electricidad en caso de que no lleguen a un acuerdo con el consumidor.

8 de cada 10 españoles desconocen estos cambios y 7 de cada 10 no ha recibido ninguna información al respecto.

Además de una gran campaña de información, esta organización reclama al Gobierno que fije inmediatamente esa tarifa de último recurso para que los consumidores tengan una referencia a la hora de negociar sus contratos.

Leer más...

EL PEQUEÑO PEZ

EL PEQUEÑO PEZ

'Usted perdone', le dijo un pez a otro, 'es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes sin resultado'.

'El Océano', respondió el viejo pez, 'es donde estás ahora mismo'.

'¡¿Esto?! Pero si esto no es más que agua... 
Lo que yo busco es el Océano', replicó el jóven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.
Leer más...

ILUSIONISTA HOLANDÉS

deROBERTO DÍAZ 
paraVictorino Redondo
fecha22 de mayo de 2009 13:26
asuntoFw: ILUSIONISTA HOLANDÉS


 

Ya sé que son trucos, pero... ¡¡coño!! ¿como pueden hacerlo?. Es impresionante.

COMO LO HARAN ????? 
Este ilusionista fue retado en Holanda para ver que podia hacer en 5 minutos.



Hans Klok & The Divas of Magic - 10 Illusions in 5 Minutes
Leer más...

Benedetti

Benedetti

Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.

En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño
que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido
por las malas y a veces por las buenas.

¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?

Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.

No me lo digan cuando me despierte.

Hasta Mañana - Mario Benedetti.

Leer más...

Carta de Seattle, jefe de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos.

Carta de Seattle, jefe de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos, Mr. Franklin Pierce, el año 1855, como respuesta a su oferta de compra de las tierras Suwamish:

El gran jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprar las tierras junto con palabras de buena voluntad. Mucho agradecemos este detalle porque bien conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad. Queremos considerar el ofrecimiento porque bien sabemos que, si no lo hiciésemos, pueden venir los rostros pálidos a arrebatarnos las tierras con armas de fuego.
Pero ¿ cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos resulta extraña. Ni el frescor del aire ni el brillo del agua son nuestros. ¿ Cómo podrían comprarse? Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. La hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer entre los árboles, los pardos insectos... son experiencias sagradas y recuerdos de mi pueblo. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan el viaje a través de las estrellas. Nuestros muertos nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos una parte de ella y la flor perfumada, el ciervo, el caballo y el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre: todos pertenecen a la misma familia. Por eso cuando el gran jefe de Washington nos dice que quiere comprar las tierras, añade que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre ellos. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros sus hijos. Por ello consideramos su oferta de comprar nuestra tierra. No es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros. Lo que pide es demasiado.
El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua sino que también representa sangre de nuestros antepasados. Si os la vendiésemos, tendríais que recordar que son sagradas y enseñarlo así a vuestros hijos...También los ríos son nuestros hermanos porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran los peces, y cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y recuerdos de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Si, gran jefe de Washington:
Los rios son nuestros hermanos, y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y del alimento de nuestros hijos. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también suyos. Y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser.Tanto le da un trozo de tierra que otro, porque es como un extraño que llega de noche a sacar de la tierra todo lo que necesita. No la ve como hermana sino como enemiga. Cuando ya la ha hecho suya la desprecia y sigue caminando hacia delante, dejándo atrás la tumba de sus padres. Le secuestra la vida a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devora la tierra dejando atrás sólo un desierto.
No lo puedo entender. Nosotros somos de una manera de ser muy diferente. Vuestras ciudades hieren los ojos del hombre de piel roja. Quizá sea porque somos salvajes y no podemos comprender.
No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco.Ningún lugar donde se pueda oír durante la primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizá es que soy salvaje y no comprendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto: ¿qué clase de vida tiene el hombre que no puede escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas en torno a la balsa? Soy piel roja y no lo puedo entender. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos.
¿Que puede ser del hombre sin los animales? Si todos los animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad. Todo lo que les pase a los animales muy pronto le sucederá también al hombre. Todas las cosas están ligadas.
Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos.Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con la vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla.
Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre.Todo lo que ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo se escupen a sí mismos.
De una cosa estamos seguros: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre que pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.
¿Dónde está el bosque espeso? Desapareció.
¿Dónde está el Águila? Desapareció...
Así se acaba la vida y sólo nos queda la supervivencia.
Leer más...

Un gran cuento de la tradición sufí:

Un gran cuento...

... de la tradición sufí:

El genio liberado de su lámpara le dice al pescador:
- Pide tres deseos y yo te los daré. ¿Cuál es tu primer deseo?
- Tras meditarlo un rato, dice el pescador -. Me gustaría que me hicieses lo bastante inteligente como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos.
- Hecho –dijo el genio-. Y, ahora ¿cuáles son tus otros deseos?
El pescador meditó de nuevo durante un momento, y contestó:
-Gracias. No tengo más deseos.

Leer más...

s2t2 -Tiempo objetivo vs. tiempo subjetivo

Tiempo objetivo vs. tiempo subjetivo

Hace algunas semanas escribí un post titulado “Trabajo objetivo vs. trabajo subjetivo”; esa distinción que hacían los griegos entre lo que hay que hacer (trabajo "objetivo") y cómo lo vive cada uno (trabajo "subjetivo"). Ante las mismas realidades no todos respondemos de la misma manera: hay gente que se crece y hay gente que se derrumba; gente que ve una solución a cada problema y gente que ve un problema a cada solución; gente que se queja del clima y gente que extrae su jugo.

Hoy me gustaría hablar de dos conceptos parecidos: tiempo “objetivo” y tiempo “subjetivo”. El primero hace referencia al paso cronológico que marca el minutero del reloj; el segundo al uso que hacemos cada uno del mismo. Siendo el tiempo “objetivo” el mismo para dos personas su percepción (tiempo "subjetivo") puede ser completamente distinta; de ahí vienen expresiones como “se me pasa el tiempo volando” o “se me hacen las horas eternas”. Hay momentos en que parece que el reloj no avanza y en otros en que nos gustaría ralentizarlo.

Hay un cuento del argentino Jorge Bucay que lleva por título “El Buscador” que merece la pena escuchar. Cuando nos llegue la hora (todos tenemos fecha en el calendario), la única cuestión será: ¿Cuánto disfrute de cada jornada? Escucha a tu "corazón" y déjate llevar sin dejarte seducir por esa "razón" demasiado basada en el instinto de supervivencia...

Ventana externa

Leer más...

Una Bonita Historia

Una Bonita Historia

De entrada voy a comenzar pidiendo perdón porque esta entrada nada tiene que ver con la Historia y espero que que los confiados lectores que hayan entrado aquí buscando el tema que habitualmente trata esta página, sepan disculparme por esta pequeña traición. Pero ocurre que en ocasiones te encuentras con proyectos tan fantásticos y gente tan maravillosa que consiguen que te reconcilies un poco con la raza humana.

Así que cuando descubres que existe buena gente, no puedes por menos que utilizar los humildes medios que tienes a tu alcance para usarlos de altavoz, darlos a conocer y si eso es posible, también ayudar mínimamente.

Se trata de P.A.A.T (Perros de Asistencia y Animales de Terapia) una joven asociación de poco más de un año de existencia, sin ánimo de lucro, que entrenan a perros para que ayuden a personas con todo tipo de discapacidades, tanto físicas como psíquicas. Esto es, que no sólo adiestran perros para que sirvan de guía a invidentes (que ya es algo fantástico), sino  también para ayudar a personas con problemas de movilidad.

Abrir puertas, abrir cajones, recoger cosas que se caen al suelo… todo esto y más enseñan a estos perros para conseguir estas sonrisas.

También los adiestran para relacionarse con niños con problemas de autismo (son los únicos de España que entrenan perros para este fin) y para terapia psicológica asistida por animales.

Nadie duda de lo beneficioso que resulta la relación con estos animales para la auto-estima, la soledad, problemas de afectividad, de relaciones, etc,.En la actualidad colaboran con asociaciones que luchan contra la anorexia y la bulimia y con Proyecto Hombre.

(Nota Mental 1:  Yo mismo a veces, tengo la impresión de que con el único ser vivo que me entiendo es con mi perro. ;-) )

Nota mental 2: Joer! La deuda que el ser humano tiene con los perros no deja de crecer y lo peor es que nunca seremos capaces de agradecérselo lo suficiente. No sabemos hacerlo.)

P.A.A.T ha entregado ya varios perros perfectamente adiestrados a dos personas invidentes.

Dash (Arriba) y Rey, dos perros entrenados por PAAT. Uno se ha ido a Madrid y el otro a Barcelona.

Y otro más a una persona con discapacidad física, madre y ama de casa para quien la ayuda del perro es inestimable.

Orus ayuda a su dueña a sacar la ropa de la lavadora.

En todos los casos el precio que han tenido que pagar estas personas por estos perros ha sido de… ¡ UN EURO € ! Naturalmente es una cantidad simbólica ya que como podéis imaginar, el coste de entrenar un perro de estas características es mucho mayor.

Jane, una de las responsables, enseñando a Rey.

Por cierto, los culpables de todo esto se llaman Alberto y Jane, dos profesionales del adiestramiento de perros que ahora se han metido en este tinglado con la ayuda de otros amigos. Su labor la realizan con mucho corazón y cariño y cuando se hacen así las cosas, tiene que salir bien a la fuerza.

Si quereis conocer más cosas sobre PAAT o ayudar de alguna manera (viven de subvenciones, ayudas y donaciones), podéis visitar su página o echar un vistazo a este pdf que es muy completo y del que he sacado todas las fotos.

La nueva camada que será adiestrada.

Dicho todo esto, creo que es comprensible (al menos para mi sí que lo es) que haya abusado un poco de la paciencia de mis lectores y haya abierto este pequeño paréntesis  para dar a conocer esta historia de enorme calidad humana… y perruna. ;-)

De todos modos reitero mis disculpas por esta “invasión” y prometo tener pronto otra Historia con Historia.

Un saludo a todos y muchas gracias.

Leer más...

LAS MENTIRAS DE LO PARANORMAL

LAS MENTIRAS DE LO PARANORMAL

Muchas gracias, fantasmas

Por Jorge Alcalde

El escepticismo es una cualidad devaluada. Pensamos en una persona prototípicamente escéptica y nos viene a la cabeza un hombre triste, serio, indagador, en sospecha permanente, algo entrado en años y escaso de cabellera, embutido en su sempiterno traje gris y chinchón. Un cara vinagre.
Sin embargo, los ciudadanos de a pie somos, afortunadamente, escépticos impenitentes. El escepticismo aflora por doquier. Los que nos dedicamos a la agridulce profesión del periodismo sufrimos a menudo el escepticismo de nuestros congéneres. Habitualmente, no nos creen. Y a veces con razón. Algunos colegas han colocado a pulso nuestra profesión en los límites de credibilidad más bajos de la historia: "¡Estos periodistas...! ¡No puedes fiarte de ellos!".

Cuando alguien me espeta una frase tal (y por desgracia ocurre más habitualmente de lo que me gustaría) trato de elogiar en mi interlocutor su inteligente rapto de escepticismo: "Haces bien en no creernos. En realidad, haces bien en no creerte casi nada de antemano".

Podemos creernos las cosas por la autoridad de quien nos habla. Pero entonces estaremos renunciando a una de las facultades más divertidas que la evolución ha regalado a nuestra especie: la de pensar por nosotros mismos. La de aportar nuestro pequeño y modesto grano de arena al racimo de memes que nuestra generación atesora.

Podemos también creernos las cosas porque nos las han revelado. Las revelaciones son fuentes habituales de autoridad. Alguien nos dice que tiene "un pálpito" y tendemos a creer que lo que nos dice alberga algún viso remoto de credibilidad. Si el agente del pálpito adorna sus cualidades con una jerga especial, la pertenencia a un grupo exclusivo, la envoltura de un halo esotérico... su autoridad se acrecienta.

Sucede, sin embargo, que cuanto más sensible es para nosotros la información que nos dan, mayor es el grado de escepticismo espontáneo que nuestra mente pone en juego. Los pálpitos, con gaseosa. No permitimos, por ejemplo, a nuestro médico que nos diga que tiene el "pálpito" de que la mancha hallada en la radiografía torácica que acaba de hacernos es benigna. No permitimos a nuestro abogado que nos diga que tiene el "pálpito" de que Hacienda no va a revisar nunca nuestra declaración. Ni siquiera aceptamos al vendedor de nuestro nuevo coche de segunda mano que acuda a los "pálpitos" para asegurarnos que el vehículo está en perfecto estado.

Y aun así el mundo está lleno de pálpitos, de mensajes no basados en la evidencia, de soluciones apresuradas y especulativas ante los problemas más extraordinarios. El mundo está lleno de terrenucos en los que el escepticismo se ha difuminado.

Un mundo sin escépticos no sería sostenible. Un mundo sin periodistas que duden de las versiones oficiales de los políticos ni políticos que duden de las versiones oficiales de los gobiernos. Un mundo sin asociaciones de consumidores que busquen con rigor la trampa oculta detrás de la letra pequeña, sin ciudadanos que revisen la vuelta que les da el tendero, sin tenderos que comprueben el buen estado de la mercancía que venden. Un mundo sin niños que se escondan detrás de la puerta para pillar in fraganti a los Reyes Magos, sin maestros que pongan exámenes para comprobar la buena evolución de los alumnos.

No es que no nos fiemos del prójimo. No. El mundo no tiene que ser necesariamente un territorio sin ley lleno de personas dispuestas a engañarnos a la primera de cambio. Si el inversor en bolsa pide informes independientes del estado de salud de una empresa y el médico pide una segunda opinión diagnóstica es porque pertenecen a la que pasa por ser la especie más inteligente del planeta, la única que se permite convertir la duda en método.

Los científicos han elevado el escepticismo a la categoría de arte. Hasta el punto de que, si se comportan del modo correcto, terminan por no fiarse ni de sí mismos. Han elaborado un método de trabajo único. Todo lo que hacen, todo lo que descubren, todo lo que teorizan debe estar sometido al escepticismo de sus compañeros. Cada vez que un equipo de científicos propone un nuevo hallazgo ha de incluir en su propuesta las probables razones por las cuales su idea podría estar equivocada. Deben ponérselo fácil a sus colegas en la tarea de demostrar que han errado. Su tesis seguirá siendo válida mientras no haya nadie que demuestre lo contrario.

Quizás por ello, los científicos han desarrollado un finísimo olfato escéptico, una especie de lupa que les permite observar el mundo con ciertas garantías de que no les van a engañar. Evidentemente, no son infalibles. Y les engañan. O se engañan a sí mismos. (...)

El escepticismo es una herramienta poderosa y frágil a la vez, como la fuerza de gravedad: capaz de mantener unidos los planetas y de aproximar dos galaxias hasta hacerlas colisionar y, sin embargo, incapaz de dejar nuestro trasero pegado a la silla si los músculos del glúteo y de las piernas, pequeños y torpes, se empeñan en que nos levantemos.

El escepticismo puede perecer por muchos motivos: por falta de educación crítica, por falta de tiempo, por pereza... La peor forma de perder el escepticismo es, en cualquier caso, la desesperanza. Los seres agobiados, desesperanzados, angustiados por su realidad, apenados por una desgracia, sufrientes, en estado crítico... son seres condenados a sufrir la terrible tentación de la credulidad. Y es comprensible, y nos compadecemos de ellos.

Nadie puede tener nada contra la madre que acude a la consulta de un chamán en busca de una solución para la enfermedad del hijo al que los médicos han desahuciado. No tiene sentido que exijamos que sea escéptica, que piense que realmente la solución milagrosa que le están ofreciendo no es más que una sarta de embustes. Como tampoco podemos condenar al arruinado, al abandonado por el amor, al solitario, cuando buscan consuelo en el horóscopo del día o consejo en las cartas del tarot. El científico francés Henri Poincaré lo definió de manera sublime: "También nosotros sabemos cuán cruel puede ser en ocasiones la verdad, y nos preguntamos cuánto más consolador es el engaño".

Los vendedores de supercherías son hábiles en la tarea de pulsar los rincones del alma en los que el escepticismo flaquea. Durante mis primeros años como redactor de la revista 
Muy Interesante tuve la oportunidad de realizar una investigación sobre la Iglesia de la Cienciología, una organización considerada en muchos países una secta destructiva, pero inscrita en España en el Registro de Entidades Religiosas, que construye su ideología sobre un inteligente entramado de apariencia científica y camino de autosuperación.

Me entrevisté con algunos de sus responsables más destacados, y pude comprobar de primera mano cómo era el grueso de su clientela. Buena parte de los adeptos llegaban a través de centros de desintoxicación para adictos a las drogas. Otros eran captados en lugares de reunión y asociaciones de personas con problemas emocionales. Incluso pude comprobar cómo repartían su propaganda entre personas que acababan de pasar una temporada problemática en un centro de salud mental. Por supuesto, también hay acólitos sin problemas aparentes, si descontamos como problema el haber perdido prácticamente la capacidad para el escepticismo.

Sólo así se entiende, por ejemplo, que profesen credibilidad casi devota a un aparato llamado e-meter o "electropsicómetro": un par de diodos conectados a un cable que supuestamente es capaz de detectar el estado mental del que lo sujeta con las manos. Ante ese aparato pude ver cómo hombres hechos y derechos, mujeres enteras y verdaderas desnudaban sus almas delante de un compañero, llamado "auditor", con la confianza de quien se postra en un confesionario, pero con peores consecuencias: quién sabe qué uso haría la secta de aquellas miserias aventadas en público, de aquellos problemas, complejos, delitos, infidelidades, sueños confesados con la aparente asepsia de la tecnología.

Nadie acude a un gurú esotérico a confesarle: "Soy feliz, mi vida es plena, tengo todo lo que necesito". Nadie pide a la echadora de cartas que el tarot le cuente que esta mañana se ha levantado como siempre, ha llevado a los niños al colegio y ha iniciado una jornada de trabajo agradable y llena de éxitos, como todas.

El mundo de lo paranormal está siempre ahí, dispuesto a ayudarte si estás en apuros, si estás desesperado. En el fondo, las sociedades que han perdido el escepticismo ante lo mágico son sociedades algo más desesperadas.

La Edad Media era un paraíso de las ideas esotéricas e irracionales: se consumían brebajes para enamorar, se consultaban oráculos en las estrellas, en las tripas de los animales o en los posos de las infusiones, se asesinaba en la hoguera a personas acusadas de contaminar las aguas, arruinar los cultivos o hacer cambiar el clima.

Pero los siglos posteriores pudieron ver abrirse paso un nuevo método para identificar las ideas racionales, eliminar las irracionales y favorecer el crecimiento de la sabiduría. El método científico es la base intelectual del mundo en el que vivimos. Cuando aún no existía, la esperanza media de vida al nacer de un europeo era de 34 años; hoy supera los 80. Hoy no morimos de ninguna de las enfermedades más comunes entonces, y nuestros hijos tienden por naturaleza a sobrevivir al parto, justo lo contrario de lo que ocurría en aquella época oscura. Habremos de convenir que el método científico, cabalgando a lomos del escepticismo, nos ha traído un mundo mejor.

Y lo ha hecho sorteando una terrible paradoja. Pudiera parecer que cuanto más escéptico es el análisis que se realiza de un fenómeno, más inapropiado resulta para la innovación. Si eres demasiado escéptico, ¿no terminarás convertido en un viejo cascarrabias incapaz de asumir nuevas ideas? ¿No es el escepticismo el que empuja al productor de cine a rechazar el guión de una joven promesa, al editor a negar la publicación de un científico novel con una teoría revolucionaria? Sin alguna dosis de encantamiento, sin un poco de magia, de osadía, de intuición, de locura, no habría revoluciones.

Puede que el argumento parezca sólido. Pero no es bueno confundir escepticismo con inmovilismo. La ciencia es escéptica justo hasta el momento en el que toca ilusionarse con una nueva idea. De hecho, en los círculos científicos la frase preferida de un buen investigador es: "Tienes razón, voy a replantear mis cálculos. Estaba equivocado". ¿Se imaginan esas palabras en boca de un político?

Gracias al equilibrio entre escepticismo y apertura de mente, la ciencia ha podido derribar muros intelectuales supuestamente infranqueables. Ha podido convencer siglo a siglo a los guardianes de la cultura de que la Tierra no es el centro del Universo, una idea poderosa que dotaba a los seres humanos de una posición única. Nos ha convencido de que ni siquiera nuestro Sol es la capital del Cosmos. Sencillamente es una más de los miles de millones de estrellas que existen, y, para colmo, no es de las más lustrosas. El escepticismo científico nos ha descubierto que los seres humanos no somos el mejor producto de la creación. Al contrario, vinimos a este mundo hace un suspiro y compartimos origen con el resto de las especies: desde las lechugas a las musarañas.

Ni siquiera somos algo especialmente diseñado: nuestro diseño responde a las mismas leyes genéticas que gobiernan cualquier otro tipo de vida, nuestros genes están hechos del mismo material que los genes de una rata de cloaca.

De todo eso ha sido capaz el escepticismo. Ha costado unos cuantos siglos, pero lo ha logrado. Y aún le quedan muchas batallas por ganar. Ha de convencernos de que la conciencia humana está vinculada a un sustrato físico que habita en el pequeño mundo de las neuronas y que, quizás, cuando nos emocionamos escuchando 
Un bel di vedremo de Madame Butterfly, cuando sentimos la presencia de la mujer amada arrastrando sus sordos pies descalzos sobre el suelo enmoquetado, cuando nos estremece el acto litúrgico ante el altar, no estemos haciendo nada físicamente diferente a lo que hacen las hembras de león cuando lamen a sus crías: disfrutar de una catarata de reacciones bioquímicas de las que nos ha dotado la evolución para sobrevivir.

El último asalto del escepticismo a nuestra escala de valores secularmente instalada puede ser relativizar otro de nuestros tesoros más preciados: la cultura. ¿Y si la necesidad de cultura no fuera más que una pulsión genética? ¿Y si el apetito por saber fuera una estrategia de nuestros genes para mantenernos vivos, del mismo modo que el apetito por comer es un instinto que empuja al oso a salir del confort de su cueva, a moverse y arriesgar su vida, o el apetito sexual es la única manera concebible capaz de hacer que un sapo se decida a esparcir sus genes entre los huevos infertilizados de la hembra? ¿Y si el propio escepticismo no fuera una cualidad suprema de la mente humana, sino una estrategia de supervivencia diseñada en el tiempo en el que compartíamos genes con los animales acuáticos, hace 450 millones de años, pero adaptada a nuestro devenir: perdimos las agallas para respirar, pero desarrollamos la capacidad de dudar?

La lupa escéptica, puesta sobre sí misma, ¿qué imagen arrojaría? "Sólo el escepticismo le impedía ser atea", decía Sartre de su abuela. Sólo el escepticismo impide a la ciencia renunciar al misterio, a la magia y la fascinación. Sólo en un cerebro realmente escéptico cabe la posibilidad de pensar que una señal de radiotelescopio cronométricamente precisa puede ser un mensaje extraterrestre. Y sólo el escepticismo permite que la misma persona, días después, demuestre que no lo es.

En el fondo, la ciencia no es un destino, es el viaje. No es un objetivo, es una herramienta. Subidos en la nave de la ciencia, los seres humanos recorren su camino por los milenios arrojando luz a diestro y siniestro sin necesidad de pensar en el final del trayecto. Basta con dejarse asombrar por lo que la luz va desvelando y enfocar la antorcha un poquito más adelante cada vez. La ciencia no es el contenido de la caja de las ideas, es la vela con que la iluminamos para hacerlas evidentes.

Por eso, al contrario de lo que muchas veces se ha pensado, ser escéptico no consiste en combatir la magia. No consiste en desterrar de la mente humana la capacidad de encantamiento.

Hace años fui llamado a numerosos medios de comunicación para participar en tertulias y debates sobre el esoterismo. Debía enfrentarme a brujas varias, astrólogos, personas que decían ser abducidas, echadoras de cartas... En contra de lo que algunos compañeros de profesión hacían, yo jamás traté de desacreditar a aquellas personas: me merecían el máximo respeto intelectual. ¿Es posible, con la sarta de estupideces que parecían estar diciendo, que tuvieran algo que enseñarme? Estoy convencido de que lo hicieron, porque sus visiones extraterrestres, sus profundas creencias en el curanderismo, su confianza ciega en el horóscopo son, también, productos de nuestra mente, manifestaciones del modo en el que se comporta ese cúmulo de neuronas organizadas según los designios de los genes tras millones de años de evolución. Entender por qué creen en cosas tan raras tiene que ser a la fuerza una fuente privilegiada de información sobre por qué los humanos somos como somos.

Este libro es, en suma, un viaje por esa forma de comprender el mundo. No encontrará en él el lector un alegato iracundo contra la astrología, contra la ufología, contra la parapsicología. Se enfrentará, sí, a muchas de sus contradicciones, errores, falsedades y fraudes. Hallará razones para considerar estúpido creer en ellas. Pero no verá un ápice de reproche. Al contrario, creo que es mucho más apasionante utilizar la tendencia humana a la superchería para conocer toda la fascinante ciencia real que se esconde tras los postulados de la pseudociencia.

Todo lo que aquí he recopilado lo he aprendido, precisamente, por no creer en fantasmas. De algún modo, este libro se lo debo a ellos.



NOTA: Este texto es un fragmento de la introducción de LAS MENTIRAS DE LO PARANORMAL, el más reciente libro deJORGE ALCALDE, que acaba de publicar la editorial Libros Libres.
Leer más...