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'Hablar por hablar' 20º Aniversario - Mara Torres





NOTA DE VREDONDOF : 
Lista de Videos  del 20 aniversario HABLAR POR HABLAR de la CADENA SER .
Es un programa de madrugada ( de 1:30 a 4:00 AM) que  escucho todos los dias (lunes a viernes).


Lo escucho a medias , ya que me duermo escuchandolo. Es posible que nunca lo haya escuchado entero.


De los programas de radio es el que mas me gusta y este es uno de los que hicieron para celebra el  20 aniversario , fueron varios (uno por locutora que tuvo) y  este es el de MARA TORRES.


El acierto con las locutoras ha sido MUY ALTO , no ha habido ninguna que no haya estado a una gran altura.


La que mas me ha gustado ha sido Mara Torres , que precisamente es la unica que tiene video entero en  Youtube .
Recomiendo escucharlo diariamente ... aunque "es un palo" por las horas a las que se emite.






Hablar por hablar (Cadena SER) - Wikipedia, la enciclopedia libre

[editar] 1997-2001, Fina Rodríguez: la expansión nacional ... La sucesora de Mara Torresconfió en las recetas, argumentario, ingredientes y ... En 2008, debido a los cambios que se estaban produciendo, la cadena SER decidió retomar el ...
es.wikipedia.org/.../Hablar_por_hablar_(Cadena_SER) -En caché - Similares








- SCLSVRF
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Las marcas blancas en España




Si ya hace años que los españoles confiaban en las marcas blancas (productos de marca propia de cadenas de distribución fabricados por un tercero) ahora más que nunca estos productos suponen una alternativa real y más económica para consumir productos a un precio mejor que los propios del fabricante.

El porqué de la existencia de estas marcas blancas responde, entre otros casos, a la necesidad del fabricante de maximizar el rendimiento de sus fábricas o a la imposición del distribuidor de que el tercero lo fabrique si 

quiere tener sus marcas en el lineal. 


En definitiva todos ganan: el fabricante porque vende más a través de una segunda marca que no necetia publicidad, el distribuidor porque ofrece precios más bajos y el consumidor porque compra lo mismo pero más barato.



Me he encontrado por la red con una web que identifica esos productos con sus fabricantes que resulta de gran utilidad para todos. Al tratarse de una web wiki cualquiera puede colaborar en su contenido.


Más información aquí.


Las marcas blancas en España

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Lo que te puede pasar si te roban el DNI



Es una noticia increible, que nos puede a cualquiera. Es indecente ver como los fuertes burlan la ley impunemente y que le pase esto a Oscar. Como puede ser tantos errores. Como queda la justicia española, tan garantista con los delincuentes multireincidentes y que le marquen este gol. Esto si que indigna !!

Óscar Sánchez, trabajador en un túnel de lavado de Montgat (Barcelona), ha sufrido, según las investigaciones de la Policía española, una suplantación de identidad por parte de Marcelo Roberto Marín, un mafioso uruguayo detenido en Madrid por orden de un juzgado de instrucción de Telde, en la isla de Gran Canaria, han agregado.


Sánchez fue entregado a Italia el 13 de noviembre de 2010 por la Audiencia Nacional a requerimiento de las autoridades italianas y fue juzgado por primera vez en mayo de 2011 en Nápoles, donde fue acusado de ser jefe de la mafia y de dirigir una importante red de narcotráfico entre España e Italia.

Tras conocer el caso del segundo juicio contra Sánchez celebrado el jueves de la semana pasada, las autoridades españolas dirigieron un escrito al fiscal, a los abogados y al juez del proceso de Nápoles, mientras el abogado del imputado pidió su libertad, aunque sigue preso por la condena de 14 años a la que fue sentenciado en el primer proceso.

En relación al primer procedimiento, a finales de julio se presentará además un recurso de apelación con nuevos elementos de prueba que evidencian la inocencia del acusado, han asegurado las fuentes.

Las autoridades italianas han dispuesto en las últimas horas el traslado de Sánchez de la cárcel de Poggioreale, de Nápoles, a la de Rebibbia, en Roma, a la que todavía no ha llegado.

Sánchez fue detenido por la Guardia Civil española en julio de 2010 en Montgat, donde trabajaba como lavacoches, acusado de colaborar con un importante clan de la Camorra napolitana que quería hacerse con el control del tráfico de drogas en Italia.

Según han explicado las mismas fuentes a Efe, Sánchez fue juzgado hace tres semanas en Nápoles y condenado a 14 años de prisión por un delito de narcotráfico, aunque contra él estaba pendiente en Italia el segundo proceso por supuesta pertenencia a banda de crimen organizado.

La defensa asegura además que la jefa de Sánchez del lavacoches en el que trabajaba puede certificar que nunca se movió de allí los días que las autoridades italianas lo ubicaban en Roma y Nápoles traficando con drogas.

Además, el detenido denunció el robo de su DNI, documento con el que, según las investigaciones de la Policía española, el mafioso Marcelo Roberto Marín pudo cometer sus delitos de narcotráfico.

Tanto el Consulado español en Nápoles y Roma como la Embajada de España en Italia siguen pendientes de las posibles evoluciones del caso.

La detención de Sánchez se produjo como secuela de la investigación contra los clanes mafiosos "Bianco" y "Iadonisi", que permitió a la Policía italiana detener a 28 personas por tráfico de drogas, asesinato y violación de la Ley de Armas.

Los clanes "Bianco" y "Iadonisi" mantenían una guerra abierta por el control del tráfico de drogas en la zona occidental de Nápoles, ya que los últimos querían hacerse con el de la cocaína en toda Italia llevándola desde Sudamérica vía España. 

Lo que te puede pasar si te roban el DNI


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El tesoro de Beale, 30 millones por una clave

En 1885 un tal J. B. Ward publicó un folleto en el que hablaba de un tesoro enterrado entre 1819 y 1821 cerca del condado de Bedford, Virginia, y que nunca había sido recuperado. Toda la información necesaria para encontrar un tesoro valorado en 30 millones de dólares actuales por tan sólo de 50 centavos que costaba el folleto. Sólo había una pequeña pega, antes de ir a buscarlo había quedescifrar el texto en el que se describía el lugar donde se había enterrado.

Cincuenta centavos a cambio de un tesoro.

Aparentemente, la historia comienza un día de enero de 1820, cuando tres extraños llegaron a la ciudad de Lynchburg, Virginia, y se hospedaron en el hotel Washington regentado por Robert Morriss. A los pocos días, dos de ellos continuaron su viaje hacia Richmond, de donde decían ser, pero el otro se quedó. El que se quedó se llamaba Thomas Jefferson Beale y, según Morriss, tenía apariencia de persona honesta y educada, debía medir un metro ochenta, tenía ojos y cabello negros, y era de complexión fuerte. El rasgo que más le distinguía era su tez morena, muy morena, como si hubiera pasado toda su vida al sol.
Beale pasó el resto de aquel invierno en Lynchburg y se convirtió en una persona bastante conocida en la ciudad, especialmente entre las damas. Entonces, un día de finales de marzo, tal como vino se fue. Ni Morriss, ni nadie, sabían nada de su procedencia, ni de cual había sido el motivo de su estancia. Beale jamás lo contó y Morriss jamás se lo preguntó.

Dos años más tarde, en 1822, Beale volvió a aparecer por Lynchburg. Igual que la primera vez, pasó el invierno en la ciudad y cuando llegó la primavera se volvió a marchar. Esta vez, sin embargo, dejó a Morriss una caja de metal cerrada que, según le dijo, contenía “papeles importantes de valor” y que le pidió que guardara hasta que fuera necesario.

Poco más tarde, en mayo, Morriss recibió una carta de Beale desde San Luis. En ella Beale reconocía que estaba en medio de una empresa peligrosa. La caja contenía papeles de vital importancia para su propia fortuna y la de muchos otros. En caso de muerte, la pérdida de la caja podría ser irreparable, por lo que pedía a Beale que guardara la caja en lugar seguro. En la carta, Beale daba instrucciones a Morriss para que si en diez años ni él, ni nadie en su nombre acudían a buscarla, abriera la caja. En ella encontraría una carta con más instrucciones para él, junto con otros papeles ininteligibles sin la ayuda de una clave. Según aseguraba Beale en la carta, la clave la había dejado en manos de un amigo suyo de San Luis en un sobre sellado y dirigido a Morriss, con ordenes de que se la enviara en junio de 1832.
The Locality of the Vault. Original.

Los años pasaron y Morriss no tenía noticias de Beale. Ni él, ni nadie en su nombre aparecieron por la caja. Aunque a partir de 1832 debía abrir la caja, Morriss prefirió seguir esperando. Finalmente, en 1845 Morriss creyó que los “indios” habrían matado a Beale y sus compañeros, y decidió abrir la misteriosa caja, había esperado 23 años. Con poca destreza, forzó el candado para descubrir cuatro hojas de papel. Una de ellas estaba escrita en inglés, las otras contenían una colección de números, aparentemente sin sentido.

Morriss empezó a leer la única hoja que entendía, en la que Beale explicaba su historia:

En abril de 1817, un grupo de 30 amigos amantes de la aventura y el peligro, entre los que estaba Beale, salió de Virginia con destino a las Grandes Llanuras del oeste. Su único objetivo era el de pasar una buena temporada cazando búfalos y osos. En diciembre, después de un largo viaje cruzando el país, llegaron a la ciudad de Santa Fe. Los meses de invierno se hacían largos y un día para matar el rato un grupo de ellos decidió salir de excursión para explorar la zona y matar el gusanillo de la caza.

La excursión que tenía que durar sólo unos días se alargó varias semanas. Cuando los que se habían quedado en Santa Fe comenzaron a preocuparse, uno de los se habían marchado volvió con noticias de una gran hallazgo que cambiaría sus planes y sus vidas. Según contaba, llevaban varios días detrás de una manada de búfalos, cuando una noche, uno de los hombres mientras estaban preparando la cena descubrió en una grieta entre unas rocas algo que brillaba, era oro y había mucho. El grupo celebró el hallazgo y los que se habían quedado en Santa Fe al conocer la noticia también. En seguida partieron para reunirse con ellos cargados con suministros y provisiones para un tiempo indefinido.

Durante 18 meses, Beale y sus compañeros acumularon todo el oro y la plata que pudieron extraer. Fue entonces cuando, según la nota, todos acordaron que sería conveniente llevar todo ese oro y plata a un lugar más seguro. Después de barajar varias opciones decidieron llevarlo hasta Virginia y esconderlo allí en algún lugar secreto. Para reducir el peso de la carga, Beale cambió oro y plata por joyas y en 1820 emprendió su viaje a Lynchburg, la primera visita al hotel de Morriss, en búsqueda del lugar más apropiado para enterrar el tesoro, lo encontró y allí lo enterró. Al acabar el invierno Beale regresó para reunirse con sus compañeros.

Dieciocho meses después, su segunda visita, Beale regresó a Lynchburg con más oro y plata. Pero este segundo viaje tenía además otro objetivo. Beale y sus compañeros estaban preocupados que de pasarles algo a ellos, sus fortunas no llegaran a sus familiares. Así que Beale esta vez tenía como misión encontrar a una persona de fiar a la que confiar sus deseos, Beale escogió a Morriss.

Como para que Morriss estuviera leyendo la nota deberían haber pasado ya los diez años de espera, Beale pedía Morriss que fuera al escondite donde estaba enterrado el oro y la plata y dividiera todo en 31 partes iguales. Morriss debería quedarse por una como pago por los servicios prestados, las otras treinta debería repartirlas entre las personas cuyo nombre y dirección figuraban en otro de los papeles. Así acababa la nota.
El juzgado del condado de Bedford, un lugar como cualquier otro para comenzar la búsqueda.

Beale acertó con Morriss, honrado como él lo creyó, su primera preocupación al leer la carta fue la de encontrar el tesoro y encontrar a los herederos de aquellos hombres que debían para entonces estar ya muertos. Pero había un problema: la localización y la descripción del tesoro estaban cifradas, en las otras tres hojas que contenían números y más números. La clave para descifrarlos, que Beale le había dicho que alguien le enviaría por correo, no había llegado. Así que Morriss tuvo que intentarlo por su cuenta. Dedicó 20 años, pero no lo consiguió y en 1862 cuando llegó a los 84 años de edad temeroso de morir sin haber cumplido su misión, decidió confiar su secreto a un amigo, tal como Beale le había pedido. Este amigo, del que se desconoce la identidad, consiguió parte de lo que Morriss no había conseguido en 20 años: descifrar uno de los textos, el marcado como número “2”.

El amigo de Morriss tuvo la intuición de que cada número representaba una letra, pero como había más números que letras en el alfabeto, dedujo que varios números deberían corresponder con la misma letra. Fue entonces cuando se le ocurrió usar la Declaración de la Independencia para descifrarlo. Cada uno de los números se tenía que sustituir por la primera letra de la palabra que ocupaba la posición del número dentro de la declaración. Siguiendo este proceso se podía leer:
He depositado en el condado de Bedford, a cuatro millas de Buford, en un sótano o una excavación, a 6 pies (1.80m) bajo tierra, los siguientes artículos que pertenecen a las partes cuyos nombres figuran en el número 3:

El primer depósito, en noviembre de 1819, está compuesto por 1.014 libras de oro y 3.812 de plata. El segundo, en diciembre de 1821, consistía en 1.907 libras de oro y 1288 de plata, además de joyas, obtenidas a cambio de plata para facilitar el transporte y valoradas en 13.000 dólares.

Todo lo antes mencionado está empaquetado de forma segura en recipientes de hierro, con tapas de hierro. La cámara está más o menos revestida de piedras, y los recipientes descansan y están cubiertos por piedras. El papel número uno describe la localización exacta de la bóveda, para que no haya dificultad alguna en encontrarla.

La Declaración de Independencia, que tan útil había sido para descifrar el primer texto, no sirvió para los otros dos. Tristemente para los familiares de los treinta, o tal vez para él, el amigo de Morriss no consiguió descifrar la hoja en la que describía el lugar donde estaba enterrado el tesoro, ni la que supuestamente contenía el nombre de esos familiares y su lugar de residencia. Así que en 1885, frustrado por haber dedicado los mejores veinte años de su vida a intentar descifrar el resto de papeles sin éxito, habiendo abandonado ya cualquier esperanza de hacerlo, decidió publicar en un folleto todo lo que sabía.

Según decía, lo hacía movido por la esperanza de que otros se pudieran beneficiar de lo que él había sido incapaz. Tal vez, incluso alguno de los familiares de la gente de Beale lo leyera y reparara que sin saberlo todo este tiempo había tenido en su poder una valiosa clave. Aunque advertía que nadie cometiera el error de dedicarle tanto tiempo como hizo él, pues para él lo que al principio parecía un regalo se acabó convirtiendo en una pesada condena.

El folleto explicaba la historia de Beale, los textos cifrados y todo lo que le había contado Morriss. El misterioso amigo, pese a hacer públicos los textos, prefirió mantenerse en el anonimato por miedo a ser acosado por los buscadores de tesoros y fue su agente, un talJames B. Ward, el encargado de publicarlos.
Names and Residences. Original.

Desgraciadamente, un fuego en el almacén en el que estaban guardados los folletos destruyó la mayoría de ellos. Sin embargo, los que se salvaron despertaron un inmediato interés y un debate sobre si la historia era cierta o sólo una invención de Ward para ganar dinero.

Una de las primeras cuestiones a resolver era si, por lo menos, los protagonistas de la historia habían existido. En el censo americano de 1810 se encuentran registradas dos personas llamadas Thomas Beale, una en Connecticut y otra en New Hampshire. En el de 1820, se encuentran otras tres personas con ese nombre, esta vez en Luisiana, Tennessee y Virginia (de donde parecer ser era el Beale del tesoro).Ward es otro personaje obscuro y el único rastro que se encuentra de él es una referencia en la edición del 21 de mayo de 1865 delLynchburg Virginian, en la que se le identifica como el propietario de la casa en la que murió Sarah Morriss, la mujer de Robert. Aunque él insiste en que no es el amigo al que Morriss confió su secreto, quizás sí que lo era. En cualquier caso, poco más se sabe de todos ellos.

Si se analiza la historia, parece tener aspectos razonables, pero otros que no lo son tanto. Parece lógico que Beale y sus compañeros decidieran llevarse su tesoro a un lugar seguro. Santa Fe en aquel tiempo era una ciudad mexicana, ellos eran norteamericanos. También parece una buena idea preparar un plan de contingencia por si les ocurría algo a todos ellos. Sin embargo, parece poco lógica la idea de llevar el oro hasta Virginia. Era un largo camino de varios miles kilómetros, no exento de riesgos, a través de territorio casi salvaje, para, además, esconderlo de una manera que podía hacer imposible su recuperación. ¿No hubiera sido mejor guardar el dinero en alguno de los bancos de la ciudad San Luis? Mucho más cerca y sin riesgos de que alguien lo encontrara y lo perdieran todo.

Hay otras cuestiones que tampoco quedan claras. ¿Quién o quiénes ayudaron a Beale a llevar el oro hasta Bedford? En ambas ocasiones, se trataba de una gran cantidad de carga, por lo que habría necesitado un gran número de mulas, burros o carros, y bastantes ayudantes. Tal vez, demasiada gente para guardar un secreto.

Tampoco ayuda que al parecer el texto publicado en el folleto contiene palabras del inglés, como “stampede” y “improvise”, que no aparecieron escritas hasta la década de 1840. Aunque no se puede descartar que antes ya fueran palabras habituales en Virginia o el Oeste.

Por otro lado, para los que continúen decididos a buscar el tesoro, conviene tener en cuenta que aún siendo cierta la historia, no se puede descartar que el tesoro ya no esté allí. Aunque Beale hubiera muerto sin recuperar el tesoro, alguno de sus compañeros, que sería lógico que conocieran el emplazamiento del escondite, podría haberlo recuperado. Y, ya fuera por desconocimiento o por precaución, no hubiera pasado a decir nada a Morriss, que se habría quedado con su caja y su enigma.
Lynchburg en 1919. En algún lugar puede que esté el hotel de Morriss. Ver panorámica completa.

Además son muchos los que ya lo han probado. Inmediatamente después de la publicación del folleto, muchos intentaron descifrar los documentos y encontrar el tesoro. Entre ellos varios famosos buscadores de tesoros. A principios del siglo XX, los hermanos Hart lo intentaron durante décadas. Otros como Hiram Herbert Jr. dedicó casi 50 años para también acabar abandonando en la década de los 70.

Con la misma poca suerte, lo han intentado expertos en criptografía. Algunos de los cuales después de analizar los dos textos que quedan usando métodos estadísticos cifrados han sugerido que no puede tratarse de textos escritos en inglés. También resulta sospechosa la escasa longitud del texto en el que teóricamente aparecen los nombres de los familiares más próximos. De usar la misma técnica de codificación que el ya descifrado, serían 618 números/letras para 30 o 60 nombres junto con su dirección.

Pero pese a todos estos indicios que parecen indicar que todo es un fraude, durante más de cien años, multitud de gente ha sido detenida por entrar y excavar sin permiso en fincas del condado de Bedford. Se cuenta que en 1983 una mujer excavó en el cementerio de Mountain View porque estaba convencida que el tesoro de Beale se encontraba allí.

Por cierto, existe una leyenda Cheyenne datada en torno al 1820, sobre una gran cantidad de oro y plata llevada desde el Oeste hasta las montañas del este para enterrarlo allí. Otras tribus, las de los Pawnee y los Crowe, hablaron muy bien de un grupo de unos 35 hombres blancos, a Jacob Fowler, un americano que exploró el sudoeste del país durante los años 1820 y 1821.


Enlace permanente a El tesoro de Beale, 30 millones por una clave de Cabovolo
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Acertijos



Los acertijos son una suerte de enigmas o adivinanzas en los que la formulación juega un papel muy importante. La falta de información en el enunciado o la presentación voluntariamente ambigua del mismo, nos predisponen al misterio.


A veces enmascaran una respuesta tan obvia que lleva un chiste incluido.


Veamos algunos ejemplos:


¿Qué día del año hablan menos las mujeres?


¿Qué se pone sobre la mesa, se corta, se reparte y no se come?


¿Cómo se anda por el desierto?


¿Cuál es el gato que no tiene pies, rabo ni orejas?


¿Qué es lo más molesto de un viaje en tren?


¿Quién puede saltar más alto que una pared de siete metros?


¿Quién tiene entradas y no ha pagado por ellas?


¿Qué instrumento musical tiene una sola cuerda?



Aquí están las soluciones:

(para revelar la tinta invisible sitúa el cursor bajo el primer verso, pulsa el botón izquierdo del ratón y, sin soltarlo, arrastra el puntero hasta el final del texto).

hablar menos…
El día en que adelantamos el reloj una hora por el horario de verano.

sobre la mesa…
La baraja.

desierto…
Primero con un pie y después con el otro.

gato..
El gato del coche.

viaje…
Pagar el billete.

saltar…
Cualquiera. Las paredes no saltan.

entradas…
El calvo.

instrumento…
La campana





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Acertijos (17)

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Phonevision y los rudimentarios comienzos de la televisión de pago



En la década de los 50 del siglo pasado, comenzaron a aparecer los primeros sistemas de televisión de pago en Estados Unidos. Con la tecnología disponible de la época, comenzaron las primeras emisiones en prueba para comprobar si el público estaba dispuesto a pagar por ver la televisión. Algunas productoras de Hollywood lo vieron como la salvación para su negocio, otras como su fin.

Anuncio de Phonevision | Early Television Museum

Ya en 1931, apenas unos años después de la aparición de las primeras televisiones comerciales, Eugene F. McDonald Jr., presidente del fabricante de aparatos de radio y televisión Zenith Electronics,  se mostraba convencido de que la televisión no conseguiría sobrevivir únicamente con los ingresos obtenidos de la publicidad. McDonald tampoco se mostraba satisfecho con el tipo de televisión que se estaba haciendo. El tenía un modelo muy distinto en mente, uno en que los telespectadores pudieran disfrutar desde sus casas de conciertos, obras de teatro, películas de estreno o de encuentros deportivos en directo. Unos contenidos que no estaban al alcance de las cadenas de aquella época. Unos, por su elevado coste y otros por ser demasiado minoritarios como para despertar el interés de los anunciantes.

Aunque Zenith Electronics comenzó con los primeros experimentos con la televisión de pago ese mismo año, no sería hasta 1947 cuando tendría listo su propio sistema, que sería bautizado con el nombre comercial de Phonevision. Las primeras pruebas públicas se llevaron a cabo en 1951 desde la emisora KS2XBS de Chicago de la que Zenith Electronics era propietaria. Hasta hacía pocos años la concesión de nuevas licencias televisivas había estado congelada, pero en 1951 este parón hacía unos años que había terminado y, las nuevas y viejas emisoras competían todas entre sí por los ingresos publicitarios. El panorama no era muy halagüeño para muchas cadenas que podían comenzar a entrar en pérdidas.

Con el objetivo de comprobar cuál sería la respuesta por parte del público, 300 familias fueron seleccionadas en un mismo barrio de Chicago para probar el sistema durante 90 días. Los trámites no fueron fáciles, hizo falta esperar dos años para la obtención del permiso de la Comisión Federal de las Comunicaciones (FCC) y convencer a las productoras cinematográficas, que tradicionalmente habían visto a la televisión como una amenaza. No en vano, el número de espectadores en los cines no había hecho más que bajar desde la llegada de la televisión a los hogares norteamericanos.  En algunos casos, hasta en un 40%.

Un decodificador Phonevision | CrunchGear.com

Otro motivo que no las animaba a participar era el temor a enemistarse con los propietarios de las salas de cine. Finalmente, otro temor mayor, el de enojar a la FCC las acabó haciendo decidirse a colaborar y Phonevision pudo ofrecer películas relativamente recientes, estrenadas hacía como mínimo dos años, pero no más de cuatro, cada día en tres pases distintos. A las 4, a las 7 y a las 9. Una misma película se emitía durante 3 días, moviéndose entre estas franjas horarias.

Las películas se emitían codificadas por lo que era necesario que, antes de comenzar la emisión, los abonados interesados llamaran por teléfono a Phonevision para ser agregados en su cola de la emisión. Poco antes de comenzar la emisión, se enviaba desde la central de la emisora una señal a través de la red telefónica a los decodificadores de los abonados que habían solicitado verla. Con esa clave el decodificador ya podía decodificar la emisión. Todo a cambio de un dólar, un precio que no era demasiado barato, el equivalente a ocho y medio actuales, y que duplicaba el precio medio de una entrada de cine en aquella época en Estados Unidos, que rondaba el medio dólar.

La idea, como era de esperar, no agradó a los propietarios de salas de cine que temían que el nacimiento de este nuevo negocio supusiera la muerte del suyo. Cosa que para el presidente de Zenith era casi inevitable, pues se mostraba convencido que el cine se estaba moviendo a los hogares y nadie podría evitarlo. McDonald tampoco era el único que creía que el descenso en el número de espectadores no sólo era debido a la televisión si no a una conjunción de motivos, uno de ellos, el movimiento de población del centro de las ciudades hacia los suburbios.


Carta de ajuste de la KS2XBS Chicago | Ver en youtube.com

Tampoco se mostraban muy contentos las cadenas en abierto, que temían que este nuevo tipo de emisiones les quitara audiencia y acabara con la rentabilidad de su negocio. Algo demagógicamente, estas cadenas se convirtieron en las defensoras de lo que ellas consideraban toda una tradición norteamericana, las emisiones en abierto, que permitían la libre distribución de ideas, educación y entretenimiento a todo el pueblo norteamericano.

Durante el primer mes de emisiones en pruebas, Phonevision sólo codificaba la señal video. La imagen era dividida en bandas. Mediante la introducción de un retardo a la mitad de las bandas, estas se veían desplazadas hacia la derecha. Además, de invertía la fase de la señal, de manera que los blancos se convertían en negro y viceversa. Básicamente, el proceso de decodificación consistía en deshacer este proceso, volver a alinear la imagen para así recuperar la señal original.

Una de las limitaciones de esta codificación era su incompatibilidad con las emisiones en color. Aunque en aquellos años sólo estaban en fase de pruebas, y no se generalizarían hasta bien entrada la década de los 60, con el tiempo, sería otra de las causas que acabarían propiciando su fracaso.

Ejemplo de transmisión antes y después de ser decodificada | Early Television Museum

Durante el segundo mes de emisiones, se comenzó también a codificar el audio, acabando así con el hábito extendido entre algunos telespectadores de sentarse delante de la televisión a sólo escuchar lo que no podían ver con claridad. También parece que esta medida acabó con los decodificadores pirata, que, gracias al interés que habían despertado en la ciudad las pruebas de la KS2XBS, habían proliferado.

“Ha sido un éxito más allá de nuestras propias expectativas”, era el balance que hizo el presidente de Zenith. La Asociación de Propietarios de Salas de Cines, por el contrario, lo cualificaba como un “monumental fracaso”. Durante el primer mes, cada familia vio una media de 2.1 películas por semana. Durante el segundo, esta media cayó hasta 1.5 y durante el último subió ligeramente hasta 1.6. En cualquier caso, y siempre según McDonald, las familias de Phonevision habían visto 4 veces más películas que la media del país y el 92% de los hogares que habían probado el sistema afirmaban que preferían ver las películas en su casa a tener que ir al cine.

Aunque la aceptación de las más de 90 películas que se emitieron variaba, había películas que habían sido vistas en el 60% de los hogares y otras que apenas llegaban al 8%, la media era bastante alta y rozaba el 25%. Extrapolando estos resultados, Zenith aseguraba que, con una base instalada de 10 millones de hogares, se podría obtener un retorno de más de un millón de dólares por película, el coste medio de una producción de Hollywood de la época. Y en total podría suponer unos 500 millones de ingresos anuales para Hollywood. Por último, McDonald esperaba en un par de años, Phonevision fuera ya estuviera funcionando como un negocio rentable.

El sistema Telemeter | Revista Popular Science

Al sistema de Zenith no tardaron en salirle competidores. El mismo año de las pruebas de Phonevision, la corporación Skiatron Electronics, ensayó con su propio sistema, el Subscribervision, a través de la cadena WOR de Nueva York. El sistema de Skiatron utilizaba tarjetas perforadas de IBM. Una misma tarjeta tenía diferentes posiciones y en cada una de esas posiciones servía para decodificar un programa diferente. Las tarjetas se introducían en una ranura hasta que en un pequeño visor se veía el nombre del programa que se quería ver, entonces el decodificador hacía un agujero en esa posición. A final de mes, los abonados tenían que enviar la tarjeta y eran facturados en función de los shows que habían sido perforados en su tarjeta.

Por su parte, la Paramount se hizo con el 50% de otro competidor, Telemeter,  a cambio de un millón de dólares, con la esperanza de recuperar parte de los espectadores que había perdido en los cines. Otras productoras como la 20th Century Fox, por el contrario, habían puesto sus esperanzas en los nuevos sistemas de proyección como el CinemaScope, para traer de vuelta a los espectadores a las salas.

Telemeter también tenía su propio decodificador, pero su mecanismo de cobro era algo más rudimentario. El aparato funcionaba de manera similar a una cabina telefónica, con monedas. Una vez al mes, un cobrador de la cadena acudía a casa de los abonados para vaciar la hucha de su decodificador. Existían dudas sobre el coste que supondría esta recogida o la seguridad del dispositivo. Por su parte, los precios eran algo más altos que los de Phonevision, aunque también ofrecía deportes en directo.

El sistema Telemeter se probó por primera vez en 1952 en la ciudad de Los Angeles, donde provocó un aluvión de llamadas de televidentes preguntando que eran aquellas extrañas emisiones que veían en sus televisores. Una manera no del todo mala de darse a conocer.

El sistema Skiatron | Revista Popular Science

Un año más tarde, se llevó a cabo otra prueba de Telemeter a mayor escala en Palm Springs. Aunque el sistema podía funcionar con una señal aérea, las pruebas se llevaron a cabo a través de cable para evitar las posibles trabas de la FCC.

A pesar de que, en un primer momento, la Paramount no tenía intención de comercializar sus películas a través del sistema Telemeter, finalmente, el 28 de noviembre la emisora emitió la película “Forever Female”, que en aquel tiempo se estaba proyectando en las salas de cine. El sistema atrajo bastantes abonados y en sólo dos semanas ya eran más de 100 y otros muchos se mostraban interesados. En 1954, los 148 abonados a los que llegaba la señal, gastaban una media de 10 dólares al mes. Pero pese al interés despertado, ese mismo año, la falta de películas nuevas hizo que las emisiones no se reanudaran después de un parón veraniego.

Mientras, Phonevision llevaba a cabo sus segundas pruebas. Esta vez con la WOR-TV de Nueva York. En esta ocasión, se prescindió de la línea telefónica y, la imagen y la señal decodificadora se transmitían por el aire. Con el tiempo, Zenith había desarrollado otros sistemas de cobro y de transmisión de la clave secreta . Desde uno que funcionaba con monedas, muy similar al de Telemeter, a otros en el que los abonados tenían que introducir manualmente en sus descodificadores el código secreto de un determinado programa. En este último caso, los abonados podrían obtener estas claves directamente por teléfono o “rascándolas” en tarjetas que recibirían por correo periódicamente.

Zenith negoció varios contratos en Nueva Zelanda y Australia y unos años más tarde, en la década de los 60, volvería a probar su sistema en Estados Unidos, en la WHCT de Connecticut, http://en.wikipedia.org/wiki/WUVN que durante un tiempo emitió su programación nocturna en codificado. En seguida, los combates de boxeo se convirtieron en los programas con mayor aceptación, seguidos de las películas de estreno. Curiosamente, y pese a que los abonados y otros clientes potenciales habían respondido que una de las carencias de las televisiones en abierto eran los programas culturales, este tipo de programas tuvieron escasa aceptación en la WHCT. Pese a los combates de boxeo, la cadena no llegó a alcanzar los 20.000 abonados que necesitaba para ser rentable y decidió abandonar el sistema.

Equipo codificador para emisoras de televisión | Early Television Museum

Telemeter volvería a probar su sistema en una emisora de Toronto. Después del primer año, las emisiones estaban perdiendo dinero. Aunque las pruebas aguantaron cuatro años más y se llegó al millar de abonados, el sistema tampoco acabó de triunfar.

Unos años antes, a comienzos de 1955, la FCC había abierto una ronda de consultas para tomar una decisión sobre las emisiones de pago. Hasta ese momento la televisión de pago se encontraba en un limbo legal y, en especial, la aérea, que usaba un bien común, el espectro radioeléctrico, para un fin que, a priori, no parecía de interés público.

En un principio, parecía que la opinión pública era favorable, pero, poco a poco, la oposición pública fue creciendo, posicionándose en contra varias asociaciones de consumidores y sindicatos. En el plano empresarial, la oposición era liderada por las cadenas en abierto, la ABC y la CBS, entre otras, y la Asociación de Propietarios de Salas de Cines que sostenía que, de permitirse las emisiones de pago, estas nuevas emisoras acabarían formando un monopolio que controlaría totalmente la distribución de películas.

Ante este entorno, el proceso se fue alargando hasta marzo de 1959, cuando, la FCC, finalmente, decidió permitir las emisiones de pago, pero sólo en pruebas. Además, la FCC proclamó su autoridad sobre las emisiones aéreas, pero sólo sobre estas, por lo que la televisión de pago por cable, quedaba en la misma situación que antes, sin regulación y sin una autoridad que la pudiera regular.

Dejando a un lado la cuestión de la viabilidad de todos los ensayos y los problemas técnicos con los que se encontraron, los expertos coinciden en señalar como determinante el papel de la FCC y el marco regulador incierto jugaron en el fracaso de la televisión de pago. Durante demasiado tiempo, la FCC se limitó únicamente a conceder permisos para emisiones en pruebas, que sirvieron de bien poco al no poder convertirse en definitivos.

Todas estas trabas acabaron haciendo que con los años la televisión por cable, un sistema privado de distribución sobre el que la FCC no tenía autoridad, acabara convirtiéndose en la plataforma de pago por excelencia, aunque, con el tiempo, tendría que hacer frente a un nuevo competidor: el satélite.

Enlace permanente a Phonevision y los rudimentarios comienzos de la televisión de pago


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¿Sabe descifrar el código McCormick?


El FBI se ha rendido: después de casi 12 años de fracasos ha decidido pedir ayuda a la comunidad internacional para intentar descifrar dos notas manuscritas encontradas en el tórrido verano de 1999 en el cadáver de Ricky McCormick. El Federal Bureau of Investigation ha optado por colgar en su página de Internet ambos documentos, escritos en clave, para ver si alguien es capaz de desentrañar lo que ya se conoce como el código McCormick. Parece un enigma de ficción propio de Los bailarines de Arthur Conan Doyle, pero no lo es. Entre otras cosas, esos pedazos de papel podrían aclarar la extraña muerte de ese ciudadano.
El 25 de junio de 1999, Ricky McCormick, 41 años, un expresidiario, parado y que vivía de la ayuda social, salió del consultorio de su médico. Fue la última vez que alguien le vio con vida. Cinco días después, un granjero halló su cuerpo en un maizal próximo a San Luis (Misuri), a 30 kilómetros del domicilio de McCormick. Todavía hoy no están muy claras las causas del óbito, aunque el forense apreció que la víctima tenía un golpe en la cabeza
El asesinato de este hombre de color, un don nadie sin oficio ni beneficio, jamás habría habría trascendido al mundo de no haber sido porque en uno de los bolsillos de su pantalón llevaba dos trozos de papel.
El FBI explica: "Las más de 30 líneas codificadas usan una exasperante variedad de letras, números, guiones y paréntesis. McCormick ni siquiera había terminado los estudios de secundaria, pero sabía leer y escribir y era un chico listo. Según su familia, McCormick había usado ese tipo de notas encriptadas desde que era un niño, pero aparentemente ninguno de sus parientes sabe descifrarlas". Los investigadores suponen que McCormick escribió estas notas tres días antes de su muerte.
La Unidad de Análisis Criptográfico y Antifraudes del FBI se volcó en el reto de aclarar el código McCormick. No lo consiguió, a pesar de emplear las técnicas y las máquinas más refinadas. La American Cryptogram Association tampoco logró el menor resultado. Todo un enigma.
¿No serían esos escritos un simple divertimento del propio McCormick? No. Nadie inventa un código secreto para su propio placer, sino por utilidad: para comunicar algo a alguien, con la intención de que ese lenguaje sea conocido solo por ambas personas. Y por nadie más. Por algo es un código encriptado. Eso es lo que suponen los especialistas del FBI. ¿Qué es lo que quería comunicar McCormick en las dos notas ininteligibles que guardaba en su pantalón? ¿Y a quién?
El FBI decidió el 29 de marzo del 2011 solicitar a través de Internet la ayuda del público para resolver este enigma. El jefe de la Unidad de Análisis Criptográfico y Antifraudes, Dan Olson, ha admitido que "los procedimientos habituales del descifrado han chocado contra un muro". Para avanzar, los analistas necesitan otra muestra del código McCormick o alguno similar que pueda servir para desentrañarlo. Algo así como lo que en su día significó el hallazgo de la piedra Rosetta, en 1799, para poder comprender los jeroglíficos egipcios.
Es la primera vez que el FBI pide colaboración para descubrir un código secreto. A quien lo consiga, le ofrece como recompensa "la satisfacción de saber que quizá ha contribuido a llevar ante la justicia a un asesino", además de la fama mundial que obtendrá el que logre semejante proeza.
Quien tenga una idea brillante, conozca códigos similares o posea información sobre Ricky McCormick y sus amistades, puede ponerse en contacto con el Laboratorio de Análisis Criptográfico y Antifraudes del FBI en Quantico (Virginia).
La ciudad de San Luis, cercana a donde fue hallado el cadáver de McCormick, está vinculada a otro enigma similar: de San Luis procedía una carta enviada en 1820 por un tal Thomas Jefferson Beale al dueño de un hotel de Lynchburg (Virginia) poniéndole en la pista de una fortuna en oro y plata enterrada por él. Para localizarla era preciso descifrar tres pergaminos. Uno de ellos fue dilucidado al descubrirse que la clave estaba en la Declaración de Independencia de EE UU, pero los otros siguen sin descodificar. Y el tesoro permanece oculto.
Sin embargo, el mayor desafío mundial lo constituye el manuscrito Voynich, un misterioso libro ilustrado, de contenido desconocido, escrito en el siglo XV en un alfabeto no identificado. Ha sido objeto de intensos estudios, pero nadie ha conseguido averiguar ni una palabra. Esta sucesión de fracasos ha convertido a este texto en el Santo Grial de la criptografía histórica.
El Centro Criptológico Nacional español, dependiente de CNI, conoce la existencia delcódigo McCormick, pero aún no ha intentado aclarar su misterio. Un portavoz explica: "Nosotros tenemos un volumen muy grande de trabajo de desencriptado, la mayor parte referido a soportes informáticos usados por ETA y el yihadismo islamista. Los más habituales son los archivos PGP o GPG, que son los que utilizan las empresas... y también los terroristas. Ahora apenas hay códigos secretos en papel". Otro de los métodos más frecuentes, sobre todo en el espionaje, consiste en ocultar mensajes entre los miles de píxeles de una fotografía digital, siguiendo el axioma de que "el mejor sitio para ocultar un árbol es el bosque".
Quién sabe si la historia de McCormick no servirá de inspiración a un literato. Igual que Arthur Conan Doyle empleó en su día unas notas criptográficas como argumento de Los bailarines, un cuento en el que el superdetective Sherlock Holmes desenmascara unos jeroglíficos que asemejan una especie de monigotes. O como hace Edgar Allan Poe en El escarabajo de oro, un relato que contiene un intrincado criptograma que conduce a los protagonistas hasta un codiciado tesoro escondido mucho tiempo atrás por un pirata en la isla de Sullivan.
JESÚS DUVA 17/04/2011

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El FBI pide ayuda a la comunidad internacional a través de Internet para desentrañar el misterio de dos notas, escritas en clave, halladas hace 12 años en los bolsillos de un cadáver

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