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Peligro, rutina



Le preguntaron Jesús Calleja, el aventurero del canal Cuatro, si tenía amigos oficinistas, y respondió: “Tengo muchos amigos con trabajos convencionales. Pero a mí me parece que el trabajo con horario es el más duro que existe”.
Este hombre se pasa la vida escalando, serpenteando, reptando y nadando en los sitios más dudosos del mundo para exhibir sus aventuras en el programa Desafío Extremo, por lo cual se entiende que eso de entrar a las 8 y salir a las 5 le debe parecer la cosa más estúpida del mundo. Pasarse ocho horas al día haciendo lo mismo, es aburrido, es antinatural.
Y lo es. Lo del horario es algo que no se ha hecho en los 100.000 años de la historia del homo sapiens. Es un invento bastante moderno. Antes no había relojes; y el sol, que era lo poco que existía para medir el tiempo, no sale siempre a la misma hora. Hay un ensayo del profesor David Landes sobre los efectos de la medición del tiempo, y los avances en la relojería en la civilización. Se llama “Revolution in time”. Cuesta asaltar el libro porque es una fortaleza de datos y precisiones, como una maquinaria helvética, pero abre las puertas del entendimiento pues uno se explica el nacimiento de la rutina. La exactitud nos trajo el progreso, pero nos convirtió en mecanismos.
Calleja no hace el mismo trabajo cada día. No sabe lo que es la rutina. Le gusta tener experiencias nuevas, aprender algo nuevo, y cuando llegue a viejecito podrá decir “yo sí que he vivido”.
La rutina es una de las peores torturas del ser humano. ¿Todos los días lo mismo? ¿Hora tras hora? ¿Año tras año? Sofocante.
Hace poco, me llamó la atención la entrevista que le hicieron a un tipo singular llamado George Lois. Es un publicista norteamericano que ha estado impulsando campañas de grandes compañías. Tiene 79 años. Le gusta jugar al baloncesto y su filosofía es “debes sorprender a la gente: haz algo diferente siempre”. Y hacerlo con pasión.
Cuando era joven, Lois tomó las riendas de una revistucha llamada Esquire y concibiendo unas portadas llamativas logró convertirla en un éxito de ventas. Este hombre de origen griego critica ahora las revistas porque todas son iguales, con las mismas portadas. Rutinarias.
La rutina es la amenaza del “ser descubridor”· Cuando hacemos lo mismo siempre, perdemos el instinto de desvelar lo oculto, lo nuevo, lo que nos espera. El músculo de la aventura se atrofia. Los inventos, las conquistas, las revelaciones y las revoluciones no los llevaron a cabo tipos rutinarios.