PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

150 ultimas

X FECHAS


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

x orden alfabetico

ENLACES

*

*


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

+ vistas


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña


PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

varios


Contador Gratis
relojes para blogger html clock for websites contador de usuarios online
PULSAR   1  de arriba para cerrar pestaña

22 de agosto de 2010

Entrevista a Woody Allen (en XL Semanal)


NOTA DE VRedondoF: Me encanta Woody por sus frases , es increible la cantidad de ellas que "fabrica" y ademas que son muy ...muy buenas .
De sus peliculas hay algunas que son intragables , eso si , casi todas son entretenidas.





WOODY ALLEN
DEL ESCÁNDALO A LA CALMA
Hace 18 años, la relación de Allen con la hija adoptiva de Mia Farrow, Soon-Yi, incendió los diarios de medio mundo. Ahora, la pareja, que se casó en Venecia en 1997 y tiene dos hijas, apenas despierta interés en la prensa rosa. Algo que ellos agradecen.


«La única forma de ser feliz es negar la realidad»
VEROMIQUE VIAL

Asegura que su filosofía de vida es trágica y gris, pero es uno de los directores de cine que más sonrisas arranca a su público. Y lo hace muy a menudo porque rueda sin descanso: está a punto de estrenar una película y ya está inmerso en la siguiente. «Trabajo tanto para no pensar en los problemas reales», dice. Sin embargo, no deja de hablar de ellos: la muerte, la vejez, el desamor... El cómico universal se confiesa en XLSemanal. 

Un encuentro con Woody Allen es una constante sorpresa; un puro gozo. Abierto a cualquier tipo de pregunta y con respuestas siempre brillantes, pero sin darse, eso sí, la más mínima importancia, el cineasta neoyorquino resulta, simplemente, genial.

Exquisito y atento en las distancias cortas, a sus 74 años, Allen, uno de los directores vivos más prolíficos, con más de 40 películas en su haber, ha rodado una nueva reflexión sobre la muerte, la vejez, el amor, el engaño y demás obsesiones personales. Como ocurre desde hace años, Conocerás al hombre de tus sueños –que se estrena en Avilés el 24 de agosto, con la presencia del propio Allen– reúne a una nueva pléyade de actores ilustres que nunca antes habían trabajado con el autor de Annie Hall o Manhattan. A saber: Anthony Hopkins, Naomi Watts, Josh Brolin y Antonio Banderas.

Rodada en Londres hace un año, tras el torneo de tenis deWimbledon, del cual Allen es un asiduo, ésta es su película número 42 como director, a un ritmo de casi una por año. Nominado al Oscar en catorce 0casiones y ganador de cuatro –tres por Annie Hall y uno porHannah y sus hermanas–, Allen asegura que trabaja «por diversión y desesperación» y con los pies en la tierra. «Cada nuevo trabajo es algo nuevo, así que nunca aprendo nada que me ayude en el siguiente –explica–. Curiosamente, siempre empiezo pensando que va a ser lo mejor que he filmado en mi vida y acabo diciéndome que haría cualquier cosa con tal de evitar la vergüenza de que sea proyectada. De todos modos, lo fascinante de cualquier forma de arte, ya sea el resultado bueno, mediocre o terrible, es que nunca será perfecta. Al acabar, estás empujado a intentarlo de nuevo.»
br>




XLSemanal. Alfie, el personaje de Anthony Hopkins en esta película, pierde el norte porque no quiere admitir que ya no es joven. ¿Es un tema contra el que también lucha usted?


Woody Allen.
 Es duro envejecer. Nadie quiere admitir que ya no es joven, pero el peligro es llegar a perder la cabeza por ello, el equilibrio mental. El ego masculino puede cegar y, literalmente, llegar al extremo de lo que le sucede a Alfie. Él cree que por cambiar de mujer, comprarse un coche deportivo y practicar deporte va a evitar lo inevitable. Lamentablemente, no es así. Pero hay que admitirlo: envejecer es terrible. No encuentro ninguna ventaja. No te vuelves más listo, ni más sabio ni más amable. No sucede nada bueno. La espalda te duele más, tienes más indigestiones, pierdes vista y oído... Yo tengo 74 años y aconsejo encarecidamente a todo el que pueda que no envejezca.


XL. Sus padres pasaron ambos de los cien años...


W.A.
 Sí, llevo en mis genes esa longevidad. Pero eso no es más que un accidente de buena suerte. Hace unos meses leí un artículo en The New York Times que afirmaba que la longevidad en los padres no implica que la vayan a heredar los hijos. Y yo sigo estando fuertemente en contra de la muerte.


XL. Cada uno busca consuelo donde puede. En su película, Helena, uno de sus personajes, lo encuentra en una adivina.


W.A.
 Cada cual necesita sus pequeñas ficciones o soluciones mágicas para afrontar las durezas de la vida, alguien que te diga que, si haces ‘lo correcto’, todo estará bien. Puede ser una adivina, un rabino o un cura. Desde niño fui consciente de que la gente quiere soluciones mágicas. La ilusión es mejor que la medicación. La única forma de escapar a la condición humana es la magia.


XL. Dice usted que la felicidad sólo es posible viviendo en una nube...


W.A.
 Así es; solamente puedes alcanzar la felicidad si te aíslas en tus cuentos de hadas y falseas la realidad. La única forma de vivir feliz es negando la realidad y comprando ilusiones que den sentido al universo. Existe toda clase de fantasías para negar la aflicción de la condición humana.


XL. Al final de su filme, todo queda en suspense, como en la vida. No hay respuestas. ¿Cómo se enfrenta usted al misterio?


W.A.
 Yo me enfrento al misterio de la vida de forma extraña. Lo paso muy mal, y lo digo en serio. Sufro mucho, tengo mucha ansiedad y miedo y estoy realmente confuso. Y combato todo esto lo mejor que puedo; por eso trabajo mucho. Me ayuda y me distrae de los problemas reales. Cuando trabajo, mis problemas se centran en los actores, el guión, el vestuario... problemas, más bien, fútiles que, si no funcionan, tampoco sucede nada catastrófico. Cuando estoy en mi casa, pienso: «¡Dios mío, la vida es corta, terrible y triste y yo soy viejo».


XL. Visto así, es comprensible que sea un adicto al trabajo. 


W.A.
 El cine es una distracción maravillosa. Hacer películas es mi mejor terapia y las hago por puro placer y diversión. También por desesperación, para no pensar cosas mórbidas.


XL. Dice que necesita una vida muy sistemática y rutinaria, pero, a la vez, es usted muy creativo en muchos campos: cine, música, escritura...


W.A.
 La creatividad me ayuda a atravesar la vida. Confieso que siempre fui muy bueno en todo lo que requiere concentración y práctica. De niño estudiaba magia y era capaz de hacer muchos trucos; pasaba horas y horas practicando con cartas, monedas y pañuelos; me fortalecía y mantenía mi mente centrada. Cuando crecí, pasaba horas escribiendo y practicando con mis instrumentos de música. Cualquier cosa que me mantenga ocupado es buena, como les sucede a los pacientes de los manicomios. 





XL. ¿Hay algo del neurótico de sus películas en usted?

W.A.
 He representado el papel de neurótico tan bien y tantos años que la gente está convencida de que lo soy. Lejos de eso, mi vida y mi mente son muy estructuradas y disciplinadas. Predecibles. Todo lo que hago, desde escribir hasta tocar jazz, requiere disciplina. Es más, me parezco al hombre tipo de clase media al que le gusta tomar una buena cerveza mientras ve la televisión.



XL. ¿Le viene esa disciplina de su madre?

W.A.
 La gran lección que aprendí de niño, y que me ha ayudado toda mi vida, es que, para conseguir algo, necesitas disciplina. No puedes poner excusas. Cada día practico 45 minutos de clarinete porque quiero tocar música. Si quiero escribir, me levanto por la mañana, cierro la puerta y escribo. Cuando era niño, lograba muchas cosas no porque tuviera más talento, sino porque, simplemente, me aplicaba. Es cierto que mi madre era muy estricta y me repetía: «Si no te pones, nunca serás capaz de hacer nada». Así de simple. Yo se lo repito a mis hijas.



XL. ¿Cree usted que el artista cumple una función social?

W.A.
 El desafío del artista es encontrar y ofrecer una razón por la que levantarse cada mañana y continuar viviendo, a pesar de que todo carezca de sentido. El artista debe proporcionar una ilusión, un paraíso o un infierno, algo que valga la pena en medio de todo lo terrible.



XL. Es muy paradójica esta visión desoladora que tiene porque goza de un sentido del humor maravilloso y hace reír a muchísima gente.

W.A.
 Es cierto que puede resultar contradictorio. Admito que poseo un talento: ser cómico. Pero mi personalidad no lo es. Mi filosofía de la vida es trágica y gris.

XL. Algo de optimismo debe de haber en su vida, ¿no?

W.A.
 Lo único optimista en la vida es que hay momentos de placer. Son breves y esporádicos, pero son agradables. Para mí es placentero estar con mi mujer, jugar con las niñas..., pero no son más que pequeños instantes de huida.

XL. ¿Lo ha ayudado la estabilidad familiar en su vida creativa?

W.A.
 No, es simplemente una dimensión maravillosa que añade algo muy placentero a mi vida. Puedo escribir y ser creativo esté feliz o triste, casado o soltero. 

XL. Dígame algo más que le resulte bonito...

W.A.
 Soy un fan de la lluvia; por eso aparece mucho en mis películas. ¡Fue terrible rodar en Londres y que hiciera sol!

XL. Su nuevo filme comienza y acaba con una frase de Macbeth: «La vida es un cuento de ruido y furia que no significa nada»...

W.A.
 Vamos por la vida de forma frenética y caótica, corriendo y chocándonos los unos contra los otros con nuestras aspiraciones y ambiciones, haciéndonos daño y cometiendo errores. En cien años ya no quedará nadie que nos haya conocido y todos los problemas, las crisis económicas, los adulterios y demás, no tendrán importancia. Eso: todo es furia y ruido y, al final, no significa nada.

XL. Dice usted que la música es la parte más placentera de las películas. Esta vez ha elegido a Boccherini, a quien interpreta la protagonista, estudiante de música. ¿Por alguna razón en especial?

W.A.
 Luigi Boccherini no es tan conocido como Bach en Estados Unidos. Sirve para que dos personajes se conozcan. «¿Ah, conoces a Boccherini? Estoy impresionada», y se produce la conexión. 

XL. ¿Es usted de los que cantan en la ducha?

W.A.
 ¡Oh, sí! Poseo un repertorio infinito para la hora del baño, pero, sobre todo, canto jazz; últimamente estoy con Easy to love, de Cole Porter. Yo crecí en la época de la radio y con una música popular de una calidad excelente. Tuve mucha suerte.

XL. Sus películas siempre son más reconocidas en Europa que en Estados Unidos. ¿Cuál es su parte americana y cuál la europea? 

W.A.
 Soy norteamericano, pienso como un norteamericano y me encanta vivir en Nueva York. Necesito la tensión nerviosa de esa ciudad. Dicho esto, le confieso que, cuando era joven y empezaba a escribir y a introducirme en este mundo del arte y del cine, toda la gente de mi entorno en Estados Unidos descubrimos a la vez el cine europeo. Habíamos sido educados con las películas de Hollywood, que, aunque había algunas buenas, la mayoría eran bastante estúpidas. De pronto podíamos ver a Bergman, Fellini, De Sicca, Buñuel... Así que es posible que cuando comencé a hacer cine, de forma inconsciente, todos ellos estuvieran presentes de una u otra manera. De ahí quizá que mi cine tenga tanto sentido para los europeos. Y, además, como mis filmes son en inglés, en Estados Unidos captan todos los errores, pero en Europa, al ser traducidos al francés, italiano, alemán o español, no se notan. 

XL. ¿Es cierto que cuando, después de desearlo durante mucho tiempo, finalmente conoció a Bergman ambos se quedaron mudos?

W.A.
 La verdad es que, más que deseándolo, estaba aterrorizado ante esa posibilidad, porque pensaba que yo le parecería un tonto. Fue Liv Ullman quien me informó de que estaba en Nueva York y que quería organizar una cena para que nos conociésemos. Me puse muy nervioso, pero él fue muy amable; nada raro, como me habían dicho. Al final fue muy agradable y se desarrolló una cierta amistad; hablábamos con frecuencia por teléfono. 


XL. Anthony Hopkins dice que rodar bajo su dirección ha sido maravilloso. Que es usted de trato muy fácil...

W.A.
 Soy de trato fácil por naturaleza. En los rodajes, nunca padezco ansiedad ni entro en crisis; si algo no funciona, no pasa nada, no me enfado ni me frustra. Para mí es muy fácil trabajar con los actores porque me gusta darles una gran libertad. Mi prioridad es, ante todo, que se sientan relajados. Me parece bien incluso si no respetan todo el diálogo que he escrito para ellos. Si no les gusta, pueden inventar algo, mientras respeten el sentido de la escena y de la historia. Quiero que sea una experiencia relajante, satisfactoria. Me gusta realizar tomas muy largas, de forma que puedan actuar y se diviertan de verdad.

XL. Parece ser que, cuando trabajó con Javier Bardem y Penélope Cruz, ambos se lo tomaron muy en serio y se aprendían sus papeles al pie de la letra. Usted defiende que un buen actor lo es de nacimiento...

W.A.
 Cuando Javier Bardem o Anthony Hopkins se levantan por la mañana, ya son grandiosos. No tienen que hacer nada. Bardem llega al rodaje y con pisarlo ya es increíble. Es como Jack Nicholson o Robert De Niro. Esa gente ha nacido bendecida para actuar.

XL. ¿Y qué me dice de Antonio Banderas?

W.A.
 Tiene un encanto especial; como si estuviera rodeado de un halo; para esta película necesitaba alguien con ese encanto. Es un hombre muy dulce, con gran atractivo. Quería que el personaje se enamorara de un hombre así. Él no tenía que esforzarse; tan sólo venir al set y ser natural, él mismo. 

XL. Ha vuelto a reunir a un elenco de actores fantástico. Debe de ser cierto ese mito de que todos los actores quieren rodar con Woody Allen, sin importar las condiciones.

W.A.
 Como bien dice, es un mito. Me han dado muchas calabazas por distintas razones: porque no les gusta el guión, porque no les pagaba lo suficiente o por las circunstancias. Por ejemplo, lograr a Sean Penn me costó tres películas.

XL. Esta vez, usted no actúa. ¿Por qué?

W.A.
 Durante años interpreté al protagonista romántico, pero ya estoy muy viejo para hacerlo y no interpretar al chico que se lleva a la chica no es divertido. Sobre todo si tienes ahí a mujeres como Scarlett Johansson o Naomi Watts. 

XL. A lo largo de su carrera ha creado unos papeles para mujeres muy interesantes...

W.A.
 Me resulta más fácil escribir papeles para mujeres. Hay muchas actrices maravillosas y actores buenos, sin embargo, no hay tantos. En esta película, por ejemplo, todas están fantásticas. Me hace gracia porque al principio de mi carrera no podía escribir para mujeres. Todo cambió cuando encontré a Diane Keaton.

XL. Para la próxima, Midnight in Paris, ha contado con Carla Bruni. ¿Qué le atrajo de ella?

W.A.
 Es una mujer carismática, bella, algo que se percibe inmediatamente, y con un gran talento para la música. Ahora bien, no se gana la vida como actriz y es la primera dama de Francia, por lo que no podía darle un papel protagonista en la película. Sobre todo porque, en cualquier momento, le puede surgir una obligación por su cargo o acontecimientos bastante más importantes que mi rodaje. Le he escrito un pequeño papel divertido, a su medida, nada que ver con su condición de primera dama.

XL. Finalmente, ¿cuál es su palabra o expresión favorita?

W.A.
 Me gustan las palabras ‘ahora no’. Me encanta posponer una decisión.